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martes, 18 de diciembre de 2012

Relato 2, Página 3: Reunión


- Poco después, volviendo a casa separé me de mi amá, con su permiso, noski, y comencé mi viaje hacia el Sur, a las tierras amables.
- Gran historia, Carb.
- Carb no, Karb.

Dos hombres compartían una fogata y un venado en una pequeña cabaña de pastores. Uno, grande y musculoso, cercano a los dos metros, de ojos profundos y oscuros y un pelo negro y abundante, aunque con canas en él. Lleva la barba descuidada, la ropa llena de jirones, sangre y rotos. Su piel es pálida, reflejando en ocasiones destellos azulados cuando la luz resbala sobre él. Sus manos son grandes y están cubiertas de cicatrices. Podría decirse que es un hombre guapo, en el sentido más salvaje de la palabra. Habla con un marcado acento, silbando las eses y marcando fuertemente las kas.

Su compañero, en cambio, es más pequeño, aunque aún así alto. Sus ojos son azules y melancólicos y su cabello de un castaño tan claro que cuando la luz se refleja casi parece rubio. Al igual que su compañero, su piel es pálida, aunque no hay atisbo de barba en su rostro. Inspira una sensación de confianza y simpatía, de elegancia, a pesar incluso de sus ropas raídas y desgastadas por el camino. Sin embargo uno advierte que bajo esas ropas se encuentran unos músculos bien templados, que le dotan de una agilidad felina. Es, en definitiva, el tipo de hombre en el que todas las muchachas de un salón de baile se fijarían. Su habla es clara, carece por completo de acento, lo que aunado a sus peculiares rasgos, dificulta notablemente determinar cuál es su procedencia.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Relato 2, Página 2: Reunión



Caminando entre las ardientes ruinas de su hogar como si de una bestia del infierno se tratase, el bárbaro alcanzó su arcón. Descargó un terrible golpe contra la humeante madera, partiéndola en pedazos, y allí, reluciendo gélida entre las llamas Innevin le prometió muerte, dolor y venganza. La tomó con calmada cólera, y las llamas parecieron palidecer a su alrededor.

Salió rodeado de ira y llamas, cubierto por cenizas. No había ni una sola quemadura sobre su cuerpo y sus ojos destellaban en la penumbra del atardecer. Sin esperar ni un segundo, se lanzó como una tormenta tras los captores de su familia.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Relato 2, Página 1: Comienzos

El surnita creció, alcanzó sus diecisiete inviernos como uno de los mejores guerreros entre sus hermanos. Su padre, que de joven había aprendido junto al chamán, le enseñó el arte de la forja y los cánticos que se debían entonar para imbuir a estas armas de un espíritu que las hiciese fuertes, así como el uso de su voluntad para ordenar el mundo salvaje. Su madre le dijo que el corazón de aquella bestia que había asesinado en el interior del Cuerno de Diretion encerraba poderosos secretos, y que la guardara siempre cerca, y así lo hizo.

Su familia no vivía en el poblado, sino un algo más alejados, ya en la montaña. Su madre, Marid, era una soryna, una chamán de Mahir, y a menudo acudían de la aldea a pedirle cura y consejo. Su padre, que había ido a visitarla para pedirle que curase a su padre, quedó enamorado de ella, y a pesar de ser el aprendiz del chamán, renuncio a su posición en el castro para vivir junto a su amor. Karb tenía además dos hermanos, Ator y Ezak, ambos menores que él.