lunes, 15 de enero de 2018

Codex Prodigium, por Vidar Barbacana

¡Hola a todos! Como sabéis, por estos lares nos tomamos muy en serio los bestiarios, nos parecen parte fundamental de una ambientación y una forma estupenda de dar color y sustancia a un mundo de aventuras, peligros, tesoro y gloria. Por eso estamos trabajando tan duro en el bestiario de Tesoro y Gloria, con el magnífico +Jagoba Lekuona  a los lápices, que está haciendo un trabajo brutal... y con un nuevo añadido, el muy honorable +Pablo Claudio Ganter Garcia , rolarca de profesión y enano de vocación.

Además de haber trabajado en otros proyectos de envergadura, Pablo es un buen amigo de esta casa en la que apreciamos mucho su estilo. Por eso fue una maravilla, cuando hablando sobre la idea de formar el bestiario como una suerte de diario de aventuras de algún loco explorador, él mismo se ofreció voluntario para transcribirlo. No me considero mal escritor, pero sinceramente, Pablo goza de una soltura y un estilo que considero insuperables para afrontar un proyecto de este estilo. Crudo, con humor y directo, es fácil imaginárselo escribiendo una entrada en su diario sentado sobre el cadáver de un ogro, con su hacha aún en su cráneo incrustada. Ni corto ni perezoso, se puso a trabajar enseguida, y tenemos ya el primer borrador del prólogo de lo que será el Codex Prodigium, un compendio de las criaturas que pueblan el mundo de Tesoro y Gloria. Os dejo pues con él para que juzguéis vosotros mismos:

PRÓLOGO
 
Hace escasos días, no los recuerdo bien pues la pérdida de sangre fue prodigiosa por lo que me cuentan mis asistentes, caímos en una emboscada de cascarudos mientras explorábamos una región del Pantano Salino que, por lo cuentan las viejas crónicas, se esconde la tumba de un rey gigante de antaño. Casi muero, casi pierdo la pierna buena, y casi me quedo sin la oportunidad de estudiar un resto del pasado remoto tan extraordinario como ese. Pero no me arrepiento de nada porque el saber se encuentra en la aventura, y no recitando como viejos loros del sur lo que otros no tan sabios como creemos escribieran en documentos ya mohosos. 

Mi nombre es Vidar Barbacana del clan de la Montaña Sobre el Lago, hijo de los señores del conocimiento Vedar y Oleika, y escribo el prólogo de mi Codex Prodigium el sexto día del mes de las Aguas junto a la compañía de mi querida Coryna y una taza de fortísima sopa de Cascarudo como forma de combatir el aburrimiento. Escribo no para mantener a salvo los valiosos conocimientos que atesoro, pues no creo que no valgan más que la sangre y el barro ligados a su obtención y son, en este mundo tan hostil en el que vivimos, tan fáciles de obtener como salir a los caminos. Tampoco se debe porque mi casera, la señora Shatf, me haya subido el alquiler 4 peniques debido a que, tan recientemente como el día anterior a mi salida hacia Pantano Salino, descubriese que su nuevo ligue fuese un lobisome. Yo, no ella. Ella estaba demasiado ocupada perdiéndose en sus profundos ojos negros. Creo yo, señora Shaft (pues se que va a usted fisgar mis notas del mismo modo que sé que no hay que los nomos y mi gente no son parientes), que salvar su vida bien merece perdonarme el llenar de sangre y fluidos estomacales la alfombra que su madre le dejase en herencia y sobre la que usted se crió.

En fin. Sea como sea, me aburro. Tremendamente. Y por ello he decidido escribir este Codex Prodigium, un manuscrito único en la región ya que, por norma general y común quien busca a los prodigios y monstruos de nuestro mundo prefirió aprender a manejar una espada (o un hacha) y obvió el arte de la escritura. Y si sabe escribir (por alguna clase de extraño milagro) prefiere dedicar su tiempo libre de criaturas contando oro y no garabateando en la lengua de los hombres historias sobre las incontables veces que algo pavoroso y terrible ha intentado matarle. Como he vivido mis buenos años ya sé hacer esas cuatro cosas, y algunas más, por ello escribir esto no será un problema.
Me aburro y no me hago más jóven. Dudo que pueda pasarme otros dos siglos recorriendo mundo y descubriendo lo increíbles que son, por muy peligrosas y abominables que sean, las prodigiosas criaturas que nos rodean. Igual dentro de cien años encuentro la primera impresión del Codex Prodigium, anotada y comentada por algún aventurero veterano que sobrevivió gracias a mis consejos, y puedo sentir una punzada de nostalgia y alegría.

A quien voy a engañar. No estaré buscando libros viejos, sino arrastrándome por madrigueras llenas de conocimiento, tesoro y gloria.

LOS QUE VIVEN EN LAS AGUAS
Odio el agua. La detesto. Y no es por ser un enano, que nos hundimos como rocas en el agua, puesto que también me quema el fuego y no por ello lo detesto como detesto esa maldita substancia húmeda que es solo buena para hacer cerveza, infusiones y sopas. No, odio el agua porque es la muerte y en la inmensa mayoría de las veces, un páramo en el que hay poco que aprender. Los prodigios y horrores que moran en lagos, mares, ríos y pantanos son algunas de las más peligrosas que un aventurero puede encontrarse. Y solo a veces podemos encontrar algo digno de anotarse, descubrirse y compartir con el mundo. El día que los ibaizos construyan ciudades me comeré mis palabras. Con sopa hecha con sus huevas.

CASCARUDOS
Pensado friamente, es más probable que la primera civilización marina digna de ese nombre provenga de los cascarudos. No sé si son inteligentes, y dudo que hay alguien que pueda sobrevivir lo suficiente como para estudiarlos tan en profundidad como encontrar raciocinio entre tantísima hostilidad, pero desde luego son astutos. El que casi me deja cojo, y que ahora calienta mi panza, estaba escondido en un foso de mugre del que solo emergió cuando nos retiramos para poder afrontar con comodidad a sus de sus congéneres. Fue una buena emboscada, bien planeada y llevada a cabo con disciplina. Y mi relato es solo uno más de los que se cuentan sobre ello. Se sabe de que acumulan botín en sus criaderos, aunque no sé sabe para que fin puesto que no comercian ni se adornan el cuerpo con ello. Igual es que son avaros, signo inequívoco de inteligencia. Estoy ansioso por recuperarme para volver al pantano para ver que tienen acumulado.

Estos asombrosos seres reciben el nombre de diablos de río en la margen derecha del Hexgor, los endogámicos habitantes de las aldeas del Pantano Salino los conocen como cucurullos das tenaizas y en algunos fosos de pelea de los que he tenido que sacar a rastras a algunos de mis ayudantes a lo largo de los años se les presenta como horrores pinzadores. Yo los conozco como cascarudos pues el nombre que les daba el cocinero kobold que en su día me enseñó a hacer sopa con su sabrosa carne.
Si debo daros un consejo sobre los cascarudos que sea este, estad atentos y manteneros bien lejos de sus pinzas. 
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Debido al formato blog, se pierde uno de los atractivos del Codex Prodigium, que son las anotaciones en los márgenes de los acompañantes de Vidar Barbacana en sus aventuras, pues como todos sabemos ningún aventurero viaja realmente solo. Estos incluyen al kóbold Edkir, la montaraz Elamna y algunos más que se irán revelando a su debido tiempo.

Espero que estéis tan ilusionados como yo con este formato y su autor, ¡hasta pronto!