martes, 14 de enero de 2014

El Zigurat de lo Misterioso

El equipo del nuevo programa de Intereconomía, El Zigurat de lo Misterioso, centrado en el estudio y análisis de los fenómenos paranormales y las conspiraciones judeo-masónicas, había recibido una llamada desde Villalpedra, un aislado pueblo en los Pirineos. Los tres hombres que formaban el equipo de grabación no habían dudado en subirse a Nibiru, la furgoneta oficial del programa, y poner rumbo hacia Villalpedra. Estos tres hombres eran, Jose Carlos Giménez, el rostro del programa, Paco García, técnico de sonido de dudoso pasado y hermosa cresta capilar, y El Cables, el cámara, segurata y mula de carga todo en uno.

Villalpedra es un auténtico filón para todos aquellos interesados en las historias más siniestras de España. Aislada durante la mayor parte de su historia, ha sido la cuna de un buen número de asesinos (si tenemos en cuenta su pequeño tamaño), emplazamiento de varios aquelarres y el escenario de innumerables y oscuros sucesos: avistamientos, profecías, desapariciones... Sin embargo, el motivo por el que han sido llamados los Amigos de lo Misterioso es algo bastante concreto, un fenómeno que no se repetía desde la Gripe Española y que aconteció por primera vez durante la Peste Negra: el arco de entrada al pueblo, con una imagen de un querubín tallada, había llorado sangre. 

Mientras el cielo se oscurecía por negros nubarrones y los truenos sonaban a lo lejos, alertando de la tormenta que se avecinaba, el equipo cruzó el arco de entrada a Villalpedra en su fiel furgoneta. Fueron recibidos por Jose Luis, el alcalde, un hombre cincuentón de caracter nervioso, y Carmen, mujer que sin duda superaba los ochenta años y que llevaba trabajando como secretaria de la alcaldía desde que Jose Luis tuviera memoria. El equipo se extraña de que el cura no acuda también a recibirlos, y el alcalde les informa que desde lo de que el arco llorara sangre se encuentra encerrado en la parroquia rezando, y que lleva a cabo una misa a diario.

Tras instalarse en el hotel, donde son atendidos por Luisa, salen al pueblo a grabar algunos exteriores antes de acudir a la cita con el alcalde. En estas conocen a Marcela, una anciana con nariz aguileña y una enorme verruga en ella, que luego descubrirían es hermana de Carmen. Aunque se muestra bastante hostil, sacaron alguna información útil. Marcela les contón un viejo pareado que su abuelo, fallecido hace diez años, les decía: Cuando el arco llora sangre, se espera muerte y hambre. Marcela les dice que deberían largarse, no le gustan los fisgones en su pueblo.

La cita con el alcalde transcurre sin demasiados incidentes, salvo por la tremenda tormenta que estalla finalmente. El alcalde les habla de las fantásticas rutas de montaña que rodean el pueblo, del dolmen, del médico, Señor García, que realizó el análisis de la sangre... Esa misma tarde acuden a donde el tal Señor García (que resulta llamarse así, una broma de su padre, dice), resulta ser un hombre que ve Intereconomía con regularidad y confirma que la sangre encontrada era humana, aunque él no dice que la estatua la hubiese llorado.

La investigación se pone en marcha. Esa noche cenan en el hotel y conocen a Bartolomeo, el dueño, un hombre bastante gañán aficionado a la caza, que cena con ellos. Esa misma noche, con la tormenta ya amainada, Paco es testigo de un extraño suceso: frente al arco se reúne un grupo de unas diez personas vestidas con largas túnicas negras que parecen adorar al extraño querubín tallado. De pronto sujetan a uno de ellos y se escucha un grito ahogado. Poco después desaparecen. Paco despierta a Jose Carlos y al Cables, y cuando llegan al lugar, descubren que hay un charco de sangre en el suelo. Llaman a las autoridades, se presenta el Sgto Felipe Castro, de la guardia civil, llegan también Señor García y Jose Luis.

A partir de este momento está claro que algo siniestro está ocurriendo en el pueblo. El equipo pasa el día siguiente interrogando a la gente, sacando información. Oscuros secretos se revelan, alguien les dispara junto al dolmen, y la cámara oculta que dejan allí graba a una enorme criatura cubierta de pelo, ¿un oso, tal vez? El cura, con el que habían concertado una cita tras la misa, diciéndoles que tenía algo para ellos, se sube a lo alto del techo de la iglesia blasfemando, arrojando pedazos del tejado a la multitud que lo observa hasta que resbala y cae hacia el vacío. La rápida reacción de los Amigos de los Misterioso lo salvan de una muerte inmediata, pero queda gravemente herido, así como el Cables cuya pierna queda triturada por una roca, y debe ser trasladado al hospital. Entre sus ropas encuentran una llave envuelta en una mortaja.

El alcalde quiere concertar un encuentro con la "chavalada" del pueblo, con la intención de demostrar que no todo son carcamales en el lugar, aunque se niega a que acuda su hija. Se enteran de más misterios sobre Carmen (que descubren tiene 96 años), que tras el incendio de los archivos de la alcaldía hace 80 años comenzó a copiar de nuevo todos los registros, de los que aún tenía memoria. Su abuelo, también el de Marcela, murió hace diez años, con una edad que debería ser imposible. Hablan con Marcelo, un joven que atiende la biblioteca, llegado aquí por oposiciones y de las pocas personas de fuera del pueblo que residen en él.

Finalmente deciden abandonar toda precaución y los Amigos de lo Misterioso adelantan acontecimientos colándose en la Iglesia para tratar de encontrar la puerta que abre esa llave. Para crear una distracción el Cables tratade comenzar una trifulca con Marcela, pero a pesar de ser un experto boxeador, Marcela realiza un hábil uso de su bastón y lo derrota (aún no sabemos cómo pudo pasar). El Cables es detenido, y abandona el equipo. Sin embargo, la distracción surte efecto, y Jose Carlos y Paco se cuelan en la parroquia. Allí no tardan en encontrar una vieja puerta que se abre con facilidad al introducir en ella la llave. Descienden hasta llegar a las alcantarillas de Villalpedra, y las siguen hasta unas viejas cavernas. Allí se encuentran con Luisa, inconsciente, dice no recordar haber llegado hasta aquí. Continúan hasta llegar a una amplia caverna con un altar en su centro y grabados que pareven celtas en sus paredes. Una voz los recibe, y figuras vestidas con túnicas negras salen de la oscuridad. A algunos los reconocen, son todos jóvenes excepto el que los dirige. Luisa los traiciona apresando a Jose Luis con un cuchillo en su garganta. Los encapuchados comienzan a cantar en un idioma blasfemo, la tierra se abre sobre sus cabezas y desciende una bestia horrenda. Sus fauces son de lobo, pero posee cuernos y pezuñas de carnero, y zarpas y cola de león. Su pelaje entero está cubierto de llagas y pústulas y en sus ojos brilla una inteligencia maligna. 

La aberración se abalanza sobre los dos investigadores, que no pueden hacer más que observar impotentes como los destroza.


Este es el resumen de lo ocurrido en la partida. Pasaron más cosas, pero sería muy largo referirlas todas. Los personajes se lanzaron al final hacia la resolución de la aventura sin tener todas las piezas ya que se estaba haciendo tarde y ya habían quedado. Una lástima, porque con una hora más hubiese podido cerrarse perfectamente. En la reunión con la "chavalada" hubiesen descubierto al líder de la secta maligna, o si hubiesen acudido antes al bar del pueblo. El abuelo de Carmen y Marcela sigue vivo (desde hace cinco siglos, de hecho) y hubiese podido ser una valiosa fuente de información. Varios del pueblo están al corriente de la secta (el alcalde por ejemplo, que por eso no quiere que si hija se mezcle con,los otros jóvenes del pueblo) aunque la consideran una simple chifladura y no creen que tenga ningún fundamento real ni que represente amenaza ninguna. Sin embargo, la secta adora a este extraño monstruo, que sí es real, un ser de los bosques cargado de enfermedades que se hace más fuerte cuando una gran epidemia se acerca (no las provoca él). El arco efectivamente llora sangre, tan solo una vez lo hace, como aviso del regreso de la bestia. El arco a su vez protege al pueblo de que la bestia entre en él, pero los sectarios lo interpretan como un heraldo de su llegada y por lo tanto lo adoran también. La aparición de la bestia es un claro signo de que una terrible epidemia se acerca para asolar el mundo (o Europa por lo menos), lo que podría quedar como tema para otra partida.