miércoles, 21 de noviembre de 2012

Bicho primero


Voy a ir presentando las nuevas criaturas que vayan apareciendo en la historia. Comienzo con unas que podrían ser fácilmente mis favoritas: las árpaves. Estas no son una invención mía, están sacadas del maravilloso libro "Ronja. la hija del bandolero", de Astrid Lindgren, una autora muy conocida en los países nórdicos por sus obras juveniles (es nada más y nada menos que la creadora de Pippi Calzaslargas) pero que aquí es prácticamente desconocida. Algún día haré una reseña del libro (mi segundo libro de fantasía favorito, detrás de El Hobbit y por delante de El Señor de los Anillos).

Vamos con ello.

Árpave

Ilstr. de María Ballesteros



Las árpaves son elegantes y enormes aves de presa negras con la cara de una bella mujer. Son, sin duda, unas criaturas realmente hermosas, en un modo oscuro. Sin embargo, están completamente desquiciadas, y siempre están buscando niños para llevárselos a sus guaridas en las montañas, donde, según dicen, los usan como esclavos. También disfrutan matando o capturando hombres adultos, aunque por una extraña razón, parecen temer (hasta cierto punto) a las mujeres, especialmente a las madres. Un niño acompañado por su madre jamás tendrá que temer por las árpaves, pues estas tan solo lo vigilarán desde lo alto, sin atreverse a acercarse. Existen amuletos, Besos de Madre los llaman, que según la Tradición otorgan una protección similar.
A nadie que haya sido llevado por las árpaves se le ha vuelto a ver. En las noches de tormenta, estás maléficas criaturas se reúnen en grandes bandadas enloquecidas, atreviéndose incluso a volar hasta las ciudades, donde aterrorizan a la gente con sus aullidos y espantosas carcajadas. La relación entre las árpaves y las tormentas es más que evidente, pues parece envalentonarlas y fortalecerlas.
Una buena forma de escapar de ellas es encontrar un buen escondite, pues aunque su vista es aguda, si no son capaces de encontrar a su presa con un vistazo creen haberla perdido y se marchan completamente enfurecidas.
Se las puede encontrar por todo el norte, aunque rara vez se acercan a las poblaciones de mayor tamaño. Por lo que se sabe, sus guaridas se encuentran en la cima de las montañas, en lugares inaccesibles para cualquiera que no tenga alas.
Son unas magníficas voladoras, capaces de mantenerse en el aire sin problemas incluso en las condiciones más violentas.
Miden unos 3.5m de un ala a otra, con 1.5m de alto, y sus garras son como cuchillas.