miércoles, 20 de marzo de 2013

Imperios del Mundo Antiguo: Los Zwar

La verdad es que hemos hablado mucho de los zwar (la pronunciación sería algo similar a tzvar), pero nunca he explicado qué eran realmente. Supongo que más de uno habrá supuesto que se trataba de alguna poderosa civilización antigua que habitaba en el norte. Y el que así piense tiene toda la razón del mundo.





El imperio zwar surgió hace ya al menos un par de milenios, en las Tánaos, La Frontera Helada. El hecho de si se trataban realmente de humanos o de algún tipo de raza de gigantes no está muy claro. Eran grandes, enormes, incluso. Su altura era superior a los dos metros, algunos afirman que llegaban a los tres, de vello abundante y piel pálida, habiendo quien dice que azul. Inmunes al frío y recios como la roca, estos poderosos señores de la antigüedad construían sus Bastiones (así llamaban a sus ciudades) excavando en la misma montaña.

Poseían enormes conocimientos sobre forja y encantamiento, y el metal que extraían era el mejor que se haya visto nunca. Con estos dones construían maravillosas creaciones, y especialmente famosas eran sus armas y armaduras. Actualmente pocas quedan de ellas, e incluso las existentes escasa utilidad tienen debido a la diferencia de tamaño (aunque las dagas siempre pueden usarse como espadas). Se decía que sus guerreros no tenían parangón en el mundo entero, y de sus espadas que partían montañas.


Con el tiempo se extendieron más allá de las Tánaos, hasta la montaña de Arolar, donde actualmente se halla Cumbre del Trueno, hasta las Cumbres de Isum, en la frontera Ventedia y hasta las mismísimas Orcontañas, donde mantuvieron a ralla a los erigios durante siglos (en algunos registros de los Señores Brujos se menciona algún tipo de resistencia a sus negras artes, que los zwar atribuían a la protección de su dios). Se dice que hubo una época en la que había un Bastión en cada montaña de Era.


La mayoría de estos Bastiones cayeron y desaparecieron, pero los mayores se mantuvieron en pie, y fueron muchos los que allí se instalaron. Tanto Cumbre del Trueno como Nesareba, Galería de Vientos y Fosa no son más que viejos Bastiones zwar ahora ocupados por los hombres.

Eran muy religiosos, mostrando gran adoración por Kor, Dios de la Montaña. Construían sus templos muy profundo, casi en el mismo corazón de las montañas. Estos templos eran lugares sagrados de gran poder, donde se forjaban la mayor parte de las maravillas encantadas zwar.

Conforme su reino crecía, cavaban más hondo, sus maravillas se multiplicaban y su poder aumentaba sin medida. Parecía que su imperio no tendría fin. Y entonces llegaron los trasgos.


Surgieron a millares desde los rincones más infectos de la tierra, devorándolo todo a su paso, envenenado la tierra y las montañas. Los zwars los combatieron con todo lo que tenían, pero no hacían más que retroceder. La guerra los debilitaba a pasos agigantados, y los erigios, que parecieron notarlo, iniciaron sus ofensivas por el sur más fuerte de lo que nunca lo habían hecho. Los portentosos señores de las montañas se hallaban entre la espada y la pared.

Nadie sabe cómo, pero los zwar lograron acabar con los trasgos, o al menos sellarlos en las Profundidades. Pero el mal ya estaba hecho, los zwar se habían debilitado, su imperio había caído y quedaban pocos. Todos  partieron hacia el norte, hacia las Tánaos, su hogar en las montañas. No se detuvieron allí, sino que continuaron, sin detenerse, al Norte donde Kor los aguardaba.

La influencia de esta poderosa raza es innegable, e incluso podría haber sido mayor de no haber ocurrido las Guerras Sombrías. Comerciaban de vez en cuando con las bárbaras tribus humanas, y hay quién cree que fueron ellos los que enseñaron el arte de la forja a los primeros hombres del norte. Su religión acabó convirtíéndose también en la de los bárbaros (Kor > Corm) y el concepto del Norte sagrado se cree que es también el origen de la adoración al Norte (también los hay que defienden que esto ya venía de antiguo). Su caída hizo posible las invasiones erigias, y su sacrificio salvó a Era del azote de los trasgos.


Poco queda ya de ellos que se pueda aprender, pues los erigios realizaron un trabajo ejemplar saqueando sus bastiones, pero siguen siendo héroes de cuentos y leyendas, especialmente en el norte. En estos es habitual que el arma del héroe sea un arma zwar, o que incluso un zwar solitario que habita en una gruta perdida de alguna montaña, último entre los suyos, sea el que se la forje (como es el caso de Bellomar).

Actualmente el último reducto de sangre zwar que queda en Era se halla entre los surnitas. Al parecer, uno o varios de ellos se asentaron en un valle al norte de las Tánaos y se mezclaron con la población bárbara. Algunos de los secretos de la forja zwar lograron sobrevivir, y esa es una de las razones por las que las armas surnitas son tan valoradas y temidas.