jueves, 11 de septiembre de 2014

Espadas de Robleda: Oscuros Presagios I

De la generosa recompensa que por sus hazañas en Villanías recibieron las Espadas de Robleda emplearon buena parte en rentar un lugar que les sirviera de guarida y donde pudieran almacenar sus trofeos y descansar entre una aventura y otra. Escogieron para tal fin una casa de dos pisos situada no muy lejos del centro de Robleda, con patio trasero incluido, cinco dormitorios (dos abajo y dos arriba), cocina y bodega, además de una sala en el piso superior que el mago Ozymandias no tardó en reclamar como suya, convirtiéndola en los días que siguieron en biblioteca y laboratorio, incluyendo en su puerta cerrojos de toda clase para evitar ser interrumpido durante sus investigaciones. Al-Tazad exigió también que una de las habitaciones fuese convertida en un lugar de adoración a Valion, pero dado que andaban ya faltos de espacio, fue su propia habitación la que hubo de bastar.

Lethalon y Grom decidieron también hacerse con un perro guardián, eligiendo para la tarea a un perro labrador de buen tamaño y ánimo alegre al que Ozymandias no dudó en bautizar como Malqior, en recuerdo de su viejo maestro, Malqior el Rojo, mago aún residente y en activo en la ciudad...

De todas formas, durante poco tiempo pudieron los aventureros disfrutar de su recién adquirida guarida, pues pensaban ya en la necesidad de un criado o una buena ama de llaves, cuando su puerta resonó. Cuál fue su sorpresa cuando, al abrir la puerta, vieron ante ellos al humilde clérigo de Villanías, con las ropas rasgadas, y los ojos abiertos con terror.

            - ¡Buen Valion, qué os ha ocurrido! - Al-Tazad acudió rápido a socorrer a su compañero de fe, invitándolo a entrar - ¡Rápido, Ozymandias, traedle algo que lo temple!

Ozymandias, aunque gravemente ofendido por semejante petición (¿acaso era él un sirviente que debía servir bebidas a los invitados?), marchó sin embargo a la cocina en busca de algo de beber. Regresó poco después con una jarra llena, que el distraído clérigo vació al momento... deshaciéndose después en toses mientras los ojos le lagrimeaban.

            - ¡Por los dioses qué le habéis dado!

El enano se acercó a olisquear la jarra caída y la barba se le erizó al momento.

            - ¡Maldito, le has servido una jarra de mi licor de importación ungolita! ¿Sabes acaso cuánto cuesta cada una? ¡Esto se descontará de tu parte la próxima vez!
            - ¡Por favor, por favor!

El clérigo parecía efectivamente más tranquilo, y alzaba la mano solicitando la palabra.

            - Por favor... Villanías se encuentra atacada por un gran mal, solo yo he podido huir para acudir en busca de ayuda, y sois los primeros en los que he pensado. Ayudadnos, Espadas de Robleda, sois nuestra única esperanza. Hace ya cuatro días, casi dos semanas después de que terminaseis con los trols que nos asolaban, la gente comenzó a desaparecer. El viejo cementerio resultó también profanado, según nos indicó Igorias, el enterrador, y todo esto era ya indicativo de que algún poder nigromántico nos acechaba... así se lo hice saber a Isidro, y ya hablábamos de venir en vuestra busca para pediros auxilio cuando... - el clérigo hubo de hacer una pausa para tomar aliento. - ... cuando esa misma noche fuimos atacados por una horda de muertos vivientes. Criaturas de carne putrefacta, huesos animados, extraños moradores de las criptas... Intentamos organizarnos, pero era ya tarde. Los muertos estaban por todas partes, y los que pudieron corrieron a mi encuentro en el templo. Allí les hicimos frente, protegidos por el favor de Valion, y muchos cayeron... pero también de los nuestros, y cada uno que era muerto por las impías criaturas se alzaba como un enemigo más. Y juro que resulta en verdad horrible y espantoso tener que dar muerte por segunda vez a camaradas con los que uno ha compartido toda una vida... - Lethalon apareció sirviendo al clérigo una infusión, que el clérigo agradeció con un leve gesto, perdido en sus pensamientos. - ... conseguí escapar por una salida oculta del templo, jamás creí que le daría utilidad, y he acudido a vosotros pues temo que no quede tiempo para pedir auxilio a la Iglesia de Valion o al Duque. ¡Marchad ahora, salvad a mi gente!

            - ¿Y qué sacamos de esto? - la mirada que el paladín depositó en Lethalon debería haber bastado para fulminarlo en el sitio. - Quiero decir, una horda de muertos vivientes parece un asunto serio, está claro que arriesgamos mucho, y que yo sepa a los campesinos no se les entierra con grandes ajuares. Esos cadáveres tendrán menos oro encima que piel sobre los huesos.
            - Es cierto. - lo apoyó Ozymandias. - Al fin y al cabo lo nuestro es una profesión, esperamos cierta remuneración por nuestros servicios... - Al-Tazad no sabía dónde meterse.
            - ¡Ya hablaremos del oro más adelante (tenedlo por seguro)! - vociferó Grom - ¡Ahora hay un puñado de muertos que necesitan que les recuerden cuál es su sitio!


Quedando en que la recompensa sería decidida más tarde, las Espadas de Robleda acudieron de nuevo al galope en auxilio de Villanías, mientras el clérigo, que respondía al nombre de Sexto, se quedaba en Robleda para intentar obtener más ayuda.