jueves, 6 de marzo de 2014

Warhammer hangout, cambiapieles, corrupción y gigantes


Vamos a ponernos un poco las pilas que hace mucho que no pongo nada por aquí. Ayer jugamos +Tiberio Sempronio Graco , +Antonio Antonio y un servidor a una partida vía hangout dirigida por +Pablo Claudio Ganter Garcia . En teoría iba a participar también +Mariola Juncal , Nebilim, pero por motivos desconocidos no apareció. Una lástima. 


Mi mami dice que soy guapo.
Era la primera vez que jugaba por internet, y no las tenía todas conmigo, pero debo decir que la experiencia fue de lo más gratificante. Aunque nos topamos con algunos problemas técnicos al principio de la partida, una vez superados las cosas fueron rodadas. La partida fue sencilla, escoltar a un sospechoso comerciante de una de las muchas aldeas perdidas del Imperio hasta la gran urbe de Talabheim (que se pronuncia Talab-haim, para los no versados en el hermosos idioma germano). Durante el camino Fabila, el domador de osas llevado por Tiberio, su simpática mascota la osa Tula, el curtido soldado (o espadero) de Antonio y el rural hechicero averlandés de un servidor se enfrentaron a unos mutantes que mencionaron a un tal Karl Marx. Bastante intrigados por el personaje nos dedicamos a tratar de buscar más información sobre el mismo, pero teníamos una misión que cumplir y nuestras fuentes eran escasas (el mercader al que escoltábamos, Johann, y ya). En una de las paradas del camino, sucedida en un viejo torreón, tuvimos la fortuna de toparnos con uno de los compañeros de negocios de Johann, un mercader de cerveza que tuvo a bien vendernos uno de sus barriles al enano Fabila y a mi hechicero (aprendiz de, en realidad), llamado Adelbert, de andares extraños y refinado lenguaje. Conseguimos algo más de información de Karl, un hombre al parecer de dudosa moral y con tratos con fuerzas de las que conviene mantenerse apartado. La cena a base de lentejas resultó excelente, y nos echamos a dormir tras repartir las guardias. Pero la noche estaba lejos de terminar.

A medianoche, durante el turno de guardia de Adelbert, unas terribles pisadas sacudieron el bosque entero. Alarmado, Adelbert puso en pie a sus compañeros, y nos pusimos en guardia. No tardó mucho en sonar una terrible voz que nos arrojó al suelo debido a su enorme potencia. Era el gigante Ojaratagar, más conocido como Pisazanjas. Aterrados todos los demás, tuvo que ser el enano, acostumbrado a tratar con fieras, el que comenzase las relaciones con el coloso, invitándole al barril de cerveza que Adelbert y él acababan de adquirir (y sin preguntar por la opinión del hechicero). Finalmente Pisazanjas resultó ser un gigante amable que había tomado el camino para dirigirse a la Asamblea, tierra de los hobbits/medianos, donde estaban construyendo una presa y creía que sus servicios podían ser bien recibidos. También al gigante interrogamos sobre Karl Marx pero nos dijo que ese hombre malicioso y cruel había ardido en la hoguera hacía ya varias semanas jurando por su inocencia ¡qué atrevimiento! Todos sabían que era culpable. El gigante no tardó en retomar su camino, y los demás pasamos la noche en paz. 

Hola, mi nombre es Ojaragatar, ¿quieres ser mi amigo?

Pocas jornadas después llegamos a la periferia de Talabheim. Nos alojamos en una posada que nuestro patrón, Johann, solía frecuentar. El portero, un risueño halfling, lo saludó con efusión y con un saludo que al parecer era cosa personal entre ambos, que Johann no supo corresponder con la debida prisa. Lo achacó al cansancio, pero a nosotros no nos convenció. A decir verdad, hacía ya tiempo que desconfiábamos de él. Por la noche Adelbert se había dedicado a registrar su carreta, donde había encontrado un diario y un altar a Ranald, dios de la astucia, pero nada resultaba incriminatorio, aunque algunos detalles sí podrían considerarse sospechososl (como que hacía dos semanas que había dejado de escribir en su diario, acusando la falta de tinta, según él). El espadero se mostraba especialmente suspicaz, negándose a comer de las lentejas que nos preparaba y vigilándolo con gran celo. Tras un muy generoso donativo interrogamos al portero sobre su amigo, pero tampoco pudo decirnos nada concluyente. Tan solo nuevas (y vagas) sospechas que añadir a la lista. 

No me toques los huevos o usaré
los tuyos para hacer mayonesa.

Terminado el interrogatorio un grito de mujer nos sorprendió. Venía del piso de arriba, donde Johann había acudido con una doncella de laxa moral a aliviar las tensiones del camino. Acudimos raudos, y nos encontramos con Johann boca abajo en el suelo, desvanecido, y la mujer cubriendo su desnudez con la sábana. Así descubrimos que Johann era un mutante, pues extrañas y obscenas protuberancias surgían de su pecho. Nos alegramos por esto, pero aunque insistimos en examinar también a la mujer, esta se nagaba diciendo que si queríamos mirar, habríamos de pagar. Con una hábil argucia del hechicero conseguimos dormirla. Vemos que está cubierta de sangre, y vemos unas extrañas cicatrices que rodean su rostro. No tardamos en sacar conclusiones. La mujer se trata de Karl Marx, que no es más que un mutante con la insólita y terrible capacidad de intercambiar cuerpo y de rostro con otras personas. Había suplantado a su colega Johann, escapando así de una muerte terrible. Una vez descubierta la verdad degollamos a Karl Marx, que ahora ocupaba el cuerpo de la prostituta. Esta despertó poco después, ocupando el cuerpo del que una vez fuera Johann. Rogó por su vida, nos pidió que la dejáramos escapar a los bosques donde tendría una oportunidad de sobrevivir, pero se impuso el sentido común. No le esperaba más que una vida de sufrimiento y miseria. Posiblemente con el tiempo acabase por perder la razón, convirtiéndose en un peligro para cualquiera que estuviese a su alcance. Decidimos que lo mejor era enviar su alma con los dioses ahora que su espíritu estaba aún limpio (todo lo limpio que puede estar el de una meretriz).
Breve gráfico con los efectos
de la piedra de disformidad.

Los cazadores de brujas agradecieron nuestra labor, y descubrimos también con espanto que las cazuelas que Johann-Karl se dedicaba a vender estaban intoxicadas con Piedra de Disformidad. Cualquiera que cocinase nada en ellas tendría muy altas posibilidades de acabar convirtiéndose en un mutante deforme. Nos dimos cuenta de lo afortunados que habíamos sido, pues a pesar de todo el camino que habíamos hecho junto a él, nada nos había sucedido. Prendimos fuego a todas sus posesiones, nunca veríamos nuestra paga, pero los dioses sabrían apreciar el valor de nuestros actos.



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La partida estuvo muy bien y el hangout funcionó adecuadamente a pesar de algunos problemas (como que a Antonio no se le viese más que como un enorme borrón). De hecho espero que repitamos alguna vez, con los mismos personajes a poder ser, y yo me estoy planteando seriamente preparar alguna partida para dirigirla también vía hangout, para de esa manera jugar con gente a la que de otra manera dudo mucho que pudiera ver sobre la mesa.