martes, 29 de enero de 2013

Huargos



También llamados hombres-lobo, son criaturas de aspecto lupino, descendientes de lobos que fueron poseídos por terribles demonios, algunos convocados por los brujos erigios. Son seres malignos, ambiciosos y terribles, su tamaño puede alcanzar los 2 metros de alto, con fauces capaces de triturar una armadura de un solo bocado. Aunque los más débiles poco difieren de lobos de gran tamaño, los más antiguos poseen una aguda inteligencia, y son capaces incluso de hablar; algunos, en los que su demoníaca herencia es más poderosa, incluso de usar la hechicería.


Sus ojos brillan con intensa malevolencia, causando que los débiles queden aterrados por su mera mirada. Su aspecto y olor causa auténtico pánico entre los animales, y tiene un efecto hipnótico sobre los lobos, a los que reúnen en grandes manadas para atacar a viajeros, aldeas y (en escasas ocasiones) incluso ciudades.

Nunca han rendido pleitesía a ningún líder a menos que esto apoyase sus intereses, y aunque existen algunos conjuros para esclavizarlos, ay de aquel que no logre ejecutarlos a la perfección.

Los huargos son enemigos formidables, tanto en cuanto a poderío físico como a astucia se refiere, y los que los combaten harían bien en recordar que no es una simple bestia a lo que se enfrentan.


Wugrauf el Sangriento


Son muchas las historias que sobre este huargo se cuentan a la luz de las hogueras y junto al hogar en las oscuras noches de invierno, pero pocos serían capaces de pronunciar siquiera su nombre bajo la sombra de las Tánaos sin un fuego y una espada al lado.

Se dice que este monstruo tiene su origen antes incluso de las Guerras Sombrías, cuando los zwars aún habitaban sus fortalezas y los ilenos hollaban Era por primera vez. Un gigantesco lobo negro  fue poseído por una fuerza llegada desde las Tinieblas, un espíritu tan oscuro y terrible que su llegada tiñó la luna de rojo durante todo un mes.

La llegada de tal demonio no pudo ser casual, y sin duda alguien debió de invocarlo desde la oscuridad, pero si alguna vez esto se supo, no quedó constancia alguna. Wugrauf surgió, convertido en un ser cuya única satisfacción se hallaba en la matanza. Invulnerable incluso a las nobles armas zwar, el Norte sangró durante años con sus brutales razias. Muchas ciudades cayeron ante hordas de lobos negros y sombras traídas por la maldad de Wugrauf. Con el tiempo sus ojos vieron correr tanta sangre que quedaron permanentemente teñidos de rojo.

Pero, según las historias, llegó un héroe (muchos dicen que Bellomar, otros que el padre de Ymer, algunos que Sturkan…) que engañó a la bestia y logró encerrarla en una montaña desconocida, llamada El Colmillo Sangriento, salvando así el Norte de su total desolación.

Hay quien dice que la prisión no es perfecta, y que hay noches, cuando la luna se tiñe de rojo, en las que Wugrauf sale de su encarcelamiento para sembrar de sangre los valles hasta el amanecer.