viernes, 18 de enero de 2013

Reinos de Hierro: Vapor y Pólvora (2)


Allí aguardaron los personajes durante varias horas, con la única compañía de una furcia schardense y un mendigo tuberculoso. Las piernas se les estaban entumeciendo ya, cuando oyeron en el piso de arriba gritos, golpes y el entrechocar de los aceros. Y luego silencio.

El carcelero baja por las escaleras con paso vacilante, y viene a desplomarse muerto justo frente a la celda, con una daga clavada en la espalda. Bel apenas tarda un momento en estirar velozmente sus ágiles dedos hacia las llaves que colgaban del cinto del cadáver y abrir la puerta.

Sin esperar ni un momento, y dejando a la schardense completamente aterrada y al mendigo tosiendo como si se le fuesen a salir los pulmones de un momento a otro, suben las escaleras de las mazmorras hacia el cuartel.

Se encuentran con un paisaje desolador. La guardia entera (o por lo menos la que estaba en el cuartel en aquel momento) masacrada, cuerpos por todas partes. Algunos lucen heridas en su cuerpo, pero en otros parece haber sido el mismo miedo el que los ha matado. En la pared, se haya dibujado con sangre un símbolo; un engranaje roto a los pies de un árbol sin hojas.

- ¡Por Dhunia!

Los tres personajes se giran a la velocidad del rayo hacia la profunda y bien modulada voz a sus espaldas, voz que tan sólo puede pertenecer a…

- ¡Gunter!

El corpulento troloide mira asombrado la escena mientras se mesa con sus manazas las púas de su cabeza. Gunter trabaja también en el cuerpo de seguridad de la estación. Es un poderoso troloide guerrero adorador de Dhunia que lleva toda su vida perfeccionando el arte de abrir cabezas. Compañero regular de puros junto con Magnus, tenía planeado unirse a sus compañeros en Vapor y Pólvora cuando unos asuntos de última hora lo retrasaron. Para cuando llegó a la taberna, esta ya estaba desierta y llena de guardias. Preguntando a los curiosos logró enterarse de a donde habían llevado a sus camaradas, y sin detenerse apenas a comer (tan solo tres platos y una botella de vino), acudió tan rápido como pudo en su auxilio…

M:… Bueno y este eres tú y por eso llegas tarde, ¿algo más?
JugadorGunter: Sí, mi hacha se llama (nombre novia), porque la quiero mucho.
Js: Awwww…

Tras ponerse al día con Gunter, los jugadores reflexionan un momento sobre el símbolo dibujado en la pared. Magnus es el primero en descubrir de qué se trata.

- Dios mío… es el símbolo de la Orden del Árbol Marchito, un grupo de defensores del Viejo Orden, Dhunia y el Devorador, magia y no mecánika y esas cosas… Alguna vez tuvimos problemas con sus manifestaciones, aunque siempre pensé que no eran más que un grupo de chalados inofensivos…
- Buen ojo tienes tú para la gente, pistolero…
- Ya, sí, tienen una casa donde se reúnen en las afueras, creo que deberíamos ir a echar un vistazo.

M: Y no podéis decir “que se encargue la guardia”, porque… ¡ESTÁN MUERTOS!
(Maldad ilimitada)

- ¿A qué esperamos entonces? ¡Vamos ya! ¿Dónde anda Bel? – Gunter
- Diecisiete, dieciocho, diecinueve… ¡Estoy aquí! …joder, no llevan nada estos guardias…

Ya se disponen a salir cuando una especie de susurro espectral les hiela la sangre en las venas. Aterrados, observan cómo la sangre corre desde los cuerpos hacia el centro de la sala, acumulándose en una figura que cada vez recuerda más a la silueta de un humanoide. Finalmente se forma, una criatura de sangre y tinieblas, que mira con malicia y crueldad a los aventureros. Por un momento los ojos de Constanze y los de la criatura entran en contacto. El profundo abismo que se adivina tras ellos es demasiado para la mecánika, que queda paralizada por el espanto.

Sin perder ni un momento más, el resto de compañeros desenvainan, lanzándose a por la criatura. Bel, más rápida que sus grandes y torpes compañeros, dispara contra el pecho de la criatura, pero la bala casi parece atravesarla limpiamente.

Entonces los dedos de la monstruosidad se dirigen, como regueros de afilada sangre suspendidos en el aire, hacia la enorme masa del troloide. Este interpone su escudo, y la sangre araña el duro metal. Magnus entiende que esta criatura no podrá ser vencida con balas, y apuntando con su fiel pistola conjura un certero rayo de debilitamiento. La criatura se sorprende al sentir el toque arcano del rayo, pues creía haber acabado con la conjuradora del grupo. El jugoso troloide aún habrá de esperar.

Aprovechando el descuido de la aberración, Gunter descarga su (nombre novia) con todas sus fuerzas sobre ella. El hacha no encuentra apenas resistencia en el semilíquido cuerpo, pero la criatura parece sentir el golpe. 

Ignorando dolorosamente el golpe del troloide el engendro sangriento lanza sus zarcillos contra Magnus. Este no reacciona a tiempo, y los zarcillos lo alcanzan, atravesándole el pecho por las heridas aún no del todo sanadas de la anterior pelea. La boca se le llena del metálico sabor de la sangre, y nota como sus fuerzas le abandonan y se le nubla la vista. Palidece, y la criatura sonríe, maligna y satisfecha.

JugadorMagnus: Hala,  otra vez al suelo…

Pero Bel no ha estado perdiendo el tiempo. Al comprobar que las balas eran inútiles (y deduciendo con ello que con su daga poco podría hacer), comenzó a rebuscar entre los cuerpos en busca de algo que había visto antes. Y ahora lo tenía entre sus manos. Con la discreción propia de su gente, avanzó hasta colocarse a la espalda del bicho, y lanzó sobre ella el aceite de un farol. Evitando por los pelos otro hachazo del troloide, lanzó sus garras sobre la goba y…

M: …
Js: Pfffff…
M: ¿d20, por qué me odias? ¿Acaso no te he tratado siempre con cariño? En fin, hágase tu voluntad…

… y el brazo se parte. Incapaz de soportar su propio peso se dobla y cae. Y la goba escapa ilesa. Otro firme hachazo del troloide, y de pronto un estallido de energía arcana sobre el engendro.

Constanze, tras ver a su hermano caer herido, logra sobreponerse a su terror y combatir. 

Enfurecida, la criatura se abalanza sobre Gunter, logrando esta vez superar su defensa. Sus garras se hunden profundamente en sus venas, absorbiendo la abundante vida de ese musculoso cuerpo. Y abundante era, sin duda, pues con un enérgico movimiento Gunter se libera de la presa del engendro y golpea de nuevo.

La criatura ha sufrido daño, mucho de hecho, pero aún le sobran fuerzas para acabar con el troloide, la maga y esa goba… Que por cierto, se desliza nuevamente entre los cuerpos con un chisquero en la mano.

La aberración estalla de pronto en llamas, mientras un agudo chillido hiere las mentes de los tres personajes. Gunter y Constanze aprovechan el momento acosando a la criatura con golpes y encantamientos. Finalmente, esta parece deshacerse, perdiéndose bajo las tablas del cuartel.

Js: ¡Por fin! Qué bicho más burro.
M: ¿Os dais cuenta de dónde estáis?
Js: En el cuartel…
M: …rodeados de guardias muertos…
Js: …con las armas desenvainadas y ensangrentadas y registrados como prisioneros… Hay que salir de aquí.

Gunter coge al desvanecido Magnus en brazos y se ponen en marcha. Tras una breve discusión deciden acudir a la casa del troloide.

Ya a cierta distancia, pero aún en la calle del cuartel, se cruzan con una patrulla que regresa que los mira entre sorpresa y desconfianza, pero que no les detiene. Un par de calles más allá escuchan el grito de espanto y rabia del sargento, y un clarísimo: “¡Han sido ELLOS!”.

La casa de Gunter está situada en las afueras, cerca del bosque, donde emplea los árboles como sacos de boxeo para entrenar. Está vieja, con parte del techo derrumbado, pero aún habitable en su mayor parte. Al menos consta de las dos cosas fundamentales para todo ser inteligente: un dormitorio y una cocina.

Pasan el día siguiente recuperándose de sus heridas. Tras vaciar su despensa por completo, Gunter se levanta a la mañana siguiente fresco como una rosa, mientras que el aspecto de Magnus aún deja mucho que desear.

Bel se pone enseguida sobre la mesa a preparar un explosivo, en vista al asalto a la casa del Árbol Marchito.

JB: Bien, esta es mí tirada, ¿qué tal?
M: … Tienes un precioso petardo.

Constanze decide llevar a su hermano con discreción hasta la iglesia de Morrow para recibir sanación, y tras un generoso donativo, eso consiguen.

JM: digo yo que con una ofrenda de unas cinco monedas…
M: EJEM, TREJEM, MJEM (mano extendida).
JM: ¿Diez?
M: … (mano extendida)
JM: Con la Iglesia hemos topado…

Cuando Constanze quiere pasar por su casa a recoger algunas cosas, descubren que está siendo registrada. Sin duda vieron el registro del cuartel, y dado que tanto la furcia como el mendigo seguían allí, ellos eran los únicos fugados. Que casualmente eran los únicos supervivientes de la masacre en Pólvora y Vapor. Al menos aún no se veían carteles de busca y captura por la ciudad. Sin embargo, sí que logran entrar por la puerta trasera a casa de Magnus, de donde recogen su sello de agente de Cygnar y poca cosa más.


Y es que la guardia, que había perdido a la mitad de sus efectivos apenas daba abasto. La noticia de la masacre había corrido como la pólvora, y muchos criminales (algunos recién iniciados que habían decidido que aquel era un buen momento para entrar en el mundillo), estaban haciendo su agosto. El mercado era un caos, y los comerciantes que podían permitírselo contrataban mercenarios para defenderse, a menudo topándose con que aquellos que contrataban acababan siendo los mismos que los saqueaban momentos después.

Tras volver a la casa de Gunter, deciden aprovechar el caos para poder comprar equipo para el asalto.
Entran en una pequeña tienda de armamento de los callejones del mercado, tampoco les interesa mostrarse mucho en público.

- ¡Alto ahí!

Nada más cruzar la puerta se topan con el mercader apuntándoles con un magnífico fusil, nuevecito y cargado. Este no confía en mercenarios.

- Venimos a comprar. Verá, somos agentes del gobierno, hemos venido como refuerzo para la guardia…

Habla Constanze, más rápida que sus compañeros. Magnus muestra su sello, y el hombre baja el arma, aún con cierta desconfianza, pero notablemente más tranquilo.

- … pero necesitamos suministros. Y creemos que esta tienda cumple los requisitos de calidad que exigimos para nuestro equipo. Por supuesto, ya que somos los que vamos a encargarnos de poner orden en la ciudad y nuestras compras no van a ser precisamente escasas, esperábamos cierto trato preferente…
- ¡Faltaría más, señora! Si van a poner fuera de circulación a esos condenados rateros, bien merecen un descuento. Miren, agentes, deléitense.

Tras un tiempo en la tienda, los personajes salen cargados de munición, repuestos y (importante) granadas. Por fin listos y pertrechados para lo que se les eche encima, parten con gesto decidido y sedientos de venganza (¿pues quién los ha metido en este condenado embrollo?) hacia la casa del Árbol Marchito.