martes, 22 de enero de 2013

Reinos de Hierro: Vapor y Pólvora (3)



La casa no estaba muy lejos de la casa de Gunter. Salieron poco después de comer (fundamental no empezar una aventura con el estómago vacío), y llegarían varias horas antes de que anocheciera.

Ya a poca distancia de la casa, Bel decide adelantarse a explorar con su natural sigilo y camuflaje. Prácticamente desaparece de la vista de sus compañeros. La práctica, obtenida al pasarse años evitando las broncas del capataz, y su natural talento como goba (incluyendo sus camaleónicas habilidades) la funden por completo con el entorno.

Cuando llega a la casa, se topa con un inesperado paisaje. La fachada de la casa tiene manchas de sangre por varias partes, lo que parece ser un cadáver se halla tendido a cierta distancia de una ventana rota, y la puerta parece haberse salido de sus goznes, golpeada por una fuerza descomunal.


Bel escucha entre la espesura un gruñido, y el crujir de unos huesos. En silencio, se adentra un poco más para averiguar de qué se trata. En un claro, inclinados sobre un cuerpo ya desfigurado, se hallan dos lobos terribles. De no ser por el sigilo de Bel, sin duda hubieran atacado al primero que se acercase a la casa.

Uno de los lobos levanta la cabeza alarmado, y mira en dirección hacia el escondite de Bel. A esta se le hiela la sangre en las venas (el pelo no se le eriza porque no tiene). Rápida en pensamiento, agarra su petardo y lo tira en otra dirección. El “explosivo” estalla, y los lobos reaccionan como movidos por un resorte, lanzándose hacia el lugar de la explosión.

Bel huye a toda velocidad de vuelta con sus compañeros. Sabe muy bien que no sobreviviría en un enfrentamiento directo contra esos monstruos. De nuevo aparece como de la nada frente a sus compañeros, jadeante y cubierta de hojas.

- ¡Bel! ¿Qué has encontrado?
- Dos lobos terribles en la espesura, comiéndose un cadáver, demasiado cerca de la casa. Seguramente tendremos que hacerles frente antes de entrar.
- ¿Lobos terribles tan cerca de la ciudad? Es inusual como poco… - Constanze.
- Bueno, no ganamos nada aquí elucubrando. Vamos a partirles la espalda. - Gunter.

Se acercan en guardia hacia la casa. Un leve movimiento en la espesura es todo el aviso que reciben, pero es suficiente. El primer lobo salta ferozmente sobre Gunter. Este se gira enarbolando su hacha, y separa limpiamente la cabeza del lobo de su cuerpo.

El segundo ataca a Bel, al parecer reconociendo el rastro de olor que había dejado, pero Bel rueda por el suelo, desenfunda y dispara sobre el pecho de la criatura. No parece ser suficiente, pues el lobo se dispone a abalanzarse nuevamente sobre ella, pero un contundente mazazo de Constanze logra dejarlo quieto hasta la próxima reencarnación. O hasta que un nigromante pase por ahí, nunca se sabe.

Ya con la amenaza neutralizada, se acercan al cuerpo frente a la ventana para investigar. No parece tener nada en particular encima, tan solo unas monedas, una llave y algunas baratijas de escaso interés.

- ¿Decías que los lobos se estaban comiendo a alguien?

Bel guía a sus compañeros hasta el pequeño claro que ocupaban los lobos, y allí encuentran un cuerpo con el medio rostro devorado, una pierna arrancada y roída y los intestinos colgando.

Cuando Constanze, superando su asco, se acerca al cuerpo, y cuando toca sus ropas para registrarlas, el cadáver escupe sangre y tose.

JG: ¡ZOMBI, ZOMBI!¡Hay que cortarle la cabeza!
JC: Que no, hombre, que seguro que aún está vivo y tiene algo súper importante para contarnos.
JG: Cabeza fuera, ya.
JM: Espera un poco, a la que hace el amago de morder dejamos que lo descabeces.

- R…Rosemary… ¿Rosemary, eres… eres tú?
- No, soy Constanze, ¿Quién eres tú?
¿Os acordáis de Jimmy?

M: Dios mío, qué tacto, qué sensibilidad…
JC: A callar, que hay prisa.

- Ellos… Jimmy y los otros… Rosemary, perdóname, no pude… no pude detenerlos…
- ¡Quién es usted!
- ¿Eh…? Soy… soy German Aleman… Era… ¡Soy! El líder del Árbol Marchito… Pero no pude… detenerlos… Decidle a Rosemary, decidle que me perdone…

El cadáver escupe sangre, se agita en un doloroso espasmo, y muere.

El hacha de Gunter baja rápida y lo descabeza.

JM: ¡Tío…!
JG: Solo por si acaso.
M: En fin… ¿Queréis hacer algo con el cadáver?
JC: Sí, quiero tirar Averiguar Intenciones contra él.
M: Ajá, bien… Pues descubres que su intención es permanecer muerto hasta que alguien haga algo para remediarlo. Oh, y que tiene pensado reencarnarse en ogrun.

En sus bolsillos no hay monedas, pero encuentran dos llaves, una idéntica a la que ya tenían, mientras que la otra es desconocida.

Ya con los cuerpos investigados, entran en la casa.


El aspecto  del interior es en su mayor parte como se lo esperaban. Mesas volcadas sillas partidas, algún cadáver aquí y allí (la mayoría humanos)… Pero llama la atención la enorme cantidad de alimañas de todo tipo que pueblan el lugar. La mayoría se apartan ante el paso de la compañía, pero hasta las cucarachas muestran una confianza inusual. Se encuentran también con unos cuantos perros salvajes, pero tras un gruñido de advertencia, dejan tranquilos a los personajes.

Sótanos, siempre tan agradables
Rastreando las señales de pelea llegan a una puerta cerrada con llave. Sin dudar ni un momento prueban en ella las llaves, abriéndose con la segunda. Se trata de la entrada a un sótano. Está completamente oscuro, hasta donde les alcanza la vista ven manchas de sangre en las paredes y un terrible hedor a muerte y sangre que parece provenir de la oscuridad. 

- Yo puedo ver en la oscuridad, bajaré el primero. – Gunter.

En silencio y aterrados, bajan los cuatro compañeros las escaleras, y avanzan por un lóbrego y sangriento pasillo hasta otra puerta. Vuelven a abrirla con la llave, y encuentran una pequeña sala con tres puertas, una al frente, y otras dos en cada lado.

Bel pega el oído a la puerta de la izquierda, y escucha tan solo un goteo. En la otra puerta, la de la derecha, se oye extraños sonidos, no muy claros, como de criaturas arrastrándose. En la de enfrente solo hay silencio.

Con las armas preparadas, abren primero la puerta de la izquierda, y quedan helados de espanto al observar un enorme charco de un líquido rojo oscuro. De pronto, Gunter olisquea un momento el aire y se echa a reír.

- ¡Es vino! Esto es una bodega, mirad, la barrica de ahí al fondo tiene una fuga.

JG: Máster, tengo una pequeña duda…
M: Dime.
JG: Si soy un troloide, ¿Cómo diablos he podido oler nada?
Puertas con malignas intenciones
M: … ¿Magia racial? ¿Por las orejas? ¡No importa, sigamos!
JC: Un momento, quiero usar Averiguar Intenciones.
M: ¿Contra quién? Ni siquiera hay cadáveres aquí cerca.
JC: Contra la puerta de la derecha.
M: Pues tiene intención de permanecer cerrada hasta que alguien gire el pomo. Manías que tienen las puertas.

Cuando abren la puerta de la derecha descubren que no es más que la despensa, ahora infestada de ratas, con un cuerpo partido en dos en medio de la habitación. Al parecer, pensó que aquí podría esconderse de lo que fuera que había acabado con todos los habitantes de la casa.

Solo les queda ya la puerta de enfrente, la del silencio. Cuando la abren, ya dispuestos a lanzar iniciativa, se encuentran con una habitación vacía. En el centro se halla dibujado sobre el suelo y con sangre el símbolo del Devorador, y sangre seca junto a la piel de un animal sobre este. El aire hiede a masacre.

- Parece algún tipo de rito de adoración al Devorador… - Constanze.
- ¡Eh, por aquí!

Bel llama a sus compañeros hacia una de las esquinas de la habitación, en ella han abierto un boquete, un túnel.

- Sigámoslo a ver a dónde nos lleva. – Magnus.

El túnel no es demasiado grande, y Gunter tiene algunas dificultades para pasar por él, pero siguen avanzando. Resulta ser mucho más largo de lo esperado y se halla bien apuntalado, aunque carece de cualquier tipo de iluminación. Por suerte, los candiles aguantan. 

Finalmente alcanzan a ver la salida. El tiempo pasado recorriendo el túnel ha sido largo, pero no podrían determinar cuánto, pues bajo tierra se acaba perdiendo la noción del tiempo a menos que seas un enano. Ya lejos de la salida comienzan a escuchar un sonido rítmico y metálico, la temperatura sube, haciéndoles sudar en sus armaduras.

Bel y Constanze tardan tan solo un momento en determinar donde se hallan. Los sótanos de la estación. 
El ruido de la maquinaria se mantiene firme, golpeando como 100 martillos por minuto. Los personajes no pueden evitar preguntarse qué pueden buscar los del Árbol Marchito en este lugar…

Js: No nos preguntamos nada, está claro que están preparando un sabotaje.




- ¡Allí, en las escaleras!
Bel señala hacia una figura vestida con una túnica negra y un bastón, sumergida en las sombras de la escalera, apenas iluminada por el leve resplandor de los carbones ardiendo del piso superior, la sala de máquinas. Al verse descubierta la figura echa a correr escalones arriba.

Los cuatro compañeros salen tras él sin dudar ni un instante. Al llegar a la sala de máquinas, tenuemente iluminada por las humeantes calderas y con las paredes custodiadas por enormes siervos de vapor, Constanze se detiene un momento frente a uno de estos. Intenta activarlo, y lograr así un valioso aliado para la batalla que se avecina, pero descubre que ha sido destruido.

- ¡No me daréis alcance, bastardos!

La figura se halla ahora en la escalera de caracol que da a la nave en construcción. Realiza un par de pases con sus manos, que se iluminan con el azulado color de la magia, y dos siervos de vapor cercanos a él despiertan, liberando vapor a raudales y avanzando hacia la compañía.

JC: ¿¡Cómo!? ¡Acabas de decir que era imposible ponerlos en marcha!
M: No, he dicho que el que tú has mirado era imposible de poner en marcha. Y sin pucheros, o te quito px.

- ¡Matadlos!


Con su última orden la figura sale de nuevo escaleras arriba a toda velocidad. Si los personajes quieren perseguirlo, deberán tumbar primero a las dos montañas de acero y vapor que se interponen en su camino.

- No hay tiempo para esto…

Magnus susurra un conjuro, sus ojos se tornan azulados y sus manos parecen chispear con energía arcana. Tras esto coge una la granada recientemente adquirida y la lanza, apuntando hacia la chimenea del siervo. Con una precisión que tan solo un Impacto Verdadero puede ofrecer, la granada se cuela limpiamente por la chimenea. La explosión retumba dentro del hercúleo constructo, varias de sus piezas saltan en pedazos, y la criatura se tambalea, aturdida. 

Gunter carga con furia homicida y golpea terriblemente a la maltrecha máquina. Una de sus piezas del blindaje cae, dejando al descubierto uno de los nodos de energía. Aun habiendo sufrido tanto daño, el siervo es capaz de dirigir uno de sus ciclópeos puños directamente hacia Gunter, lanzándolo contra los otros siervos junto a la pared. Gunter tiene ahora una fea brecha en la cabeza, pero con un rugido se sobrepone y toma de nuevo su hacha. Justo a tiempo para observar como el segundo siervo carga contra él. Logra apartarse a tiempo, pero los pobres siervos de vapor que habían “amortiguado” su caída no tienen tanta suerte, quedando más como latas de conserva que como valiosos artilugios de trabajo pesado.

Aunque algo tarde, Constanze dispara un proyectil arcano contra el primer siervo, que retrocede por el impacto de las energías arcanas. Su nódulo posee ya abundantes grietas, y pierde vapor por todas partes, no tardará mucho en caer.

Pero el otro aún se mantiene fresco, y Magnus no tiene más granadas (ni impactos verdaderos) que utilizar. Será cuestión de golpear la coraza hasta que caiga. Y como él mismo ha dicho, no tienen tiempo para eso.
Las balas apenas abollan su armadura, y los hachazos de Gunter no hacen mucho mejor trabajo. Constanze encaja uno de los golpes del artilugio que por poco le rompe el brazo, aunque aún es capaz de ponerse en pie. Gunter encaja también algún golpe, aunque su aspecto es ya deplorable, y Magnus es el único que sigue evitando ágilmente los golpes del último constructo, parapetándose detrás de cualquier cosa que pille (incluyendo calderas, otros siervos, compañeros, columnas…).

Y a todo esto, ¿Qué ha sido de Bel? Pues la astuta goba, siendo muy consciente de que sus ataques de poco iban a servir contra los resistentes constructos (a pesar de que sabría golpearlos mucho mejor que sus compañers), pues con un solo golpe la mandarían a volar. Así pues, Bel se había dedicado a trepar por los tubos de las calderas, la mayoría ahora apagados, buscando colocarse discretamente justo sobre el último siervo y soltar una de sus granadas en el lugar más vulnerable que pudiera encontrar.


Y ahora estaba ya en posición. Sabía que echarlo en la caldera era la solución más sencilla, pero también sabía que ese no sería el mejor lugar donde golpear. Tenía que echarla justo sobre la cabeza, pero primero debía desarmar la chapa que cubría la abertura.

Mediante un silbido alertó a Gunter.

- ¡Golpéale sobre la cabeza, en la chapa!

El siervo había advertido ahora la presencia de Bel, y se preparaba para golpearla. Gunter saltó hacia delante aprovechando el momento de distracción del constructo, y a pesar de su falta de muelas, costillas rotas y demás consecuencias de los golpes recibidos, logró acertar donde su pequeña compañera le había indicado, desarmando la débil protección (este era un siervo de trabajo, no de guerra). Esto no fue suficiente para desviar el golpe del siervo dirigido a la goba, pero sí lo fue la bala disparada por el cañón de Magnus. Bel se dejó caer, soltando al mismo tiempo la granada y rezando para que diese en el blanco. La caída, de varias veces su altura, la aturdió, y Gunter la recogió del suelo rápidamente, salvándola del pisotón del siervo de vapor.

- ¿Has acertado?
- Espera un momento…

¡¡KABOOOM!!

- Sí, se ve que sí.

El siervo estalló literalmente por los aires, desarmándose por completo. Gunter, Constanze y Magnus se pusieron a cubierto para protegerse de la repentina lluvia de metralla, evitando la mayor parte del daño.

Racha de críticos
M: Crítico, más cuádruple daño, sacando máximo en los dados… Acabas de lanzarle Big Boy a Hirosiervo.
JB: :D

Corrieron como locos escaleras arriba, Magnus el primero, y al asomarse vieron al mago (pues entre túnicas, activación de siervos de vapor y demás eso tenía que ser), manipulando algún tipo de siniestro artefacto. Antes de que al misterioso hechicero le diera tiempo a girarse, una bala le atravesó limpiamente la sien y se desplomó.

M: … Crítico… Otra vez… ¿Te das cuenta de que acabas de liquidar al único tío que podía daros alguna respuesta, y lo que es más importante, que sabe cómo desactivar la bomba?
JM: Bueno… A lo hecho, pecho, ¿no?

Efectivamente, el artilugio se trata de una bomba de relojería, pero no una bomba cualquiera. Empleando una compleja tecnología y magia, alguien había creado un artefacto que mantenía estable una minúscula dimensión de vacío, alimentándola con magia arcana. Su liberación provocaría que la dimensión que la contiene se desestabilizase, creando infinitas nuevas dimensiones en el afán por llenar esa dimensión vacía, absorbiendo magia y materia, dejando un área del tamaño aproximado de esta ciudad como un enorme cráter (que ni siquiera estaría humeante).

No hay tiempo para elucubraciones, Constanze y Bel deben descativar la bomba de inmediato.


JG: ¿Y huir?
M: Según el reloj que es el temporizador de la bomba os quedan menos de cinco minutos, no podéis salir de la ciudad antes de ese tiempo.

Finalmente desmontan el panel de control del artefacto, dentro hay una auténtica maraña de cables, mecanismos y engranajes. El tiempo apremia, y Constanze y Bel no paran de discutir, el más mínimo error sería el fin.

Finalmente se deciden, y acercan sus herramientas para intentar desactivar la bomba…

M: A ver las tiradas… Ajá… Bien… Magnus, tírame 1d20 y saca crítico o morís todos.
JM: Pero mi última tirada ha sido un 20, volver a sacarlo es… improbable como poco.
M: ¡TIRA O MORÍS Y NO HAY PX, NI ESPERANZA, NI FUTURO!

De pronto, quizá por saber que su muerte estaba cerca, Magnus recuerda al viejo chapucero gobo con el que tantos almuerzos había compartido, el entrañable viejo que, a pesar de la diferencia de altura, se había comportado como un abuelo para él.

“Mira hijo, si no puedes evitar que pase el tiempo, al menos para el reloj”

Con un inesperado impulso, su pierna sale disparada hacia el temporizador, propinándole una tremenda patada. Bel y Constanze quedan heladas por el terror, mientras Gunter saborea su última calada y mira con el cariño de un amante que se va a su puro aún a medio terminar.

Y nada sucede.

El golpe avería la frágil maquinaria del reloj, haciendo que las manecillas dejen de girar a tan solo dos segundos de las doce de la noche.


- Bel, me sorprende que no se te ocurriera antes.

Js: Magnus, te adoramos, bendita sea tu certera mano y la flor que crece fuerte y hermosa en tu ano.
JM: Quiero un altar conmigo como dios de la Fortuna.
M: Tuyo es.