lunes, 8 de abril de 2013

El Fin (parte I)

No nos alarmemos, hablo del fin de un capítulo de la campaña que estoy dirigiendo en la actualidad, aquella de El Reino de la Sombra de la que ya hablé un poco en otra ocasión.

El siempre sevicial Flamel.
Muchas cosas han pasado desde entonces; los personajes lograron escapar, aunque quedando en deuda con un demonio llamado +Flamel el Alquimista, y +Katerina Giraud les guió a través de las galerías de la ciudad hasta el exterior, uniéndose al grupo. En aquellas profundidades hallaron también a la maldita raza de los rátidos, con los que no acabaron de congeniar. Nada más salir, Raxel Jeroy los abandonó para seguir su propio camino, mas hallaron en una taberna al buen +Hraganord 'Prendecaras' Telmworroktzendutenk , ogro que suplió maravillosamente la falta del pirata.

Los siempre hambrientos rátidos.
Decidieron tomar ruta hacia Cumbre del Trueno, ciudad fuertemente militarizada hermanda con unos salones enanos, y por el camino tuvieron un pequeño encontronazo con unos esclavistas, que quedó rápidamente solucionado gracias a la inestimable ayuda de un troll. También acabaron con este y lograron apropiarse de su tesoro (un botín en verdad suculento). En honor a esta batalla, Hraganord decidió bautizar a su martillo con el nombre de Trollhammeren. A todo esto no debemos olvidarnos de añadir, que la hobbit +Elena Guerrero (Belladona Forja) fue maldita por el fantasma de un enano al arrancarle la barba a su cadáver (la maldición consistía en que a ella le salía también barba).


Llegaron a Cumbre del Trueno tratando de no llamar mucho la atención, pues +Elam Greyville (Vilagris en esta crónica) estaba siendo buscado por su familia bajo el cargo de Alta Traición. Tras las compras de rigor (equipo de gran calidad, componentes mágicos y cosas que explotan), la cosa empieza a ponerse fea cuando el ogro trata de negociar un acuerdo comercial con los nobles de la ciudad para que lleven acero hacia su tierra (en parte por eso y en parte porque uno de los nobles reconoce a Elam), pero un afortunado encuentro con un tal Gleim Balkrak, noble enano con el que hicieron buenas migas gracias a una intensa pelea de taberna entre el ogro y él (el enano por poco lo tumba), unos tragos de Wurz y una animada conversación, permite que Gleim acceda a invitarlos a pasar a los Salones de Arolar (en general está prohibido el paso para las gentes de la superficie), donde podrán desaparecer durante un tiempo y quizá hacer algo de fortuna.
El de enfrente es Gleim.
Akar Murohierro
Ya dentro se vieron envueltos en una lucha por la sucesión en el trono, situándose de parte de Akar Murohierro, Maestro Ingeniero, frente al Príncipe Ones Barbalarga, hijo del anterior rey (el cargo no es hereditario entre los enanos). He de admitir que toda esta parte está fuertemente inspirada (una forma más correcta de decir que era un plagio descarado) por una de las misiones del Dragon Age: Origins, del que soy fan a muerte.

Tras llevar a cabo unas cuantas misiones, participar en el coliseo y montar una juerga que será recordada en los salones enanos durante generaciones, llega el momento de la prueba final: deben encontrar al sabio erudito Vidar Barbablanca, desaparecido hace ya varias semanas mientras investigaba las ruinas de las profundidades en busca de la perdida Orbalzar (la antigua capital del Reino Bajo las Montañas). Su palabra es considerada como la palabra de los Ancestros por el cargo que ostenta, por lo que encontrarlo y lograr que de su apoyo a uno de los candidatos sería el apoyo definitivo que Akar necesita, y de hallarlo Ones este podría recuperar todo el terreno perdido.

(Es un detalle importante que la hobbit quedó embarazada durante la susodicha juerga, y en aquel momento apareció el demonio ordenando por la deuda pendiente que cuando ese niño naciera, debería serle entregado).

Así se embarcan en una arriesgada búsqueda a través de las Profundidades, donde la luz de Dragón nunca ha llegado. En las Profundidades se toparon con Blancos y con una extraña y tenebrosa criatura que parecía dirigirlos. Un encuentro con una expedición minera les informó que Vidar había sido visto por última vez en dirección a Ortan (otro nombre expropiado de DA) empecinado en encontrar Orbalzar, donde se dice que se encuentra la Tumba de Gimli, el Primer Gran Rey enano, también llamado El Gran Padre.

Sep, ese soy yo.

Así pues, los aventureros pusieron rumbo al lugar, y al llegar fueron asaltados por una horda de misteriosas y repugnantes criaturas como no habían visto nunca. Fueron rescatados en el último momento por una expedición de la Legión del Acero, un grupo de enanos que renunciaban a toda su vida con el único objetivo de recuperar la Antigua Gloria enana, limpiando las viejas ruinas de las infectas criaturas de las Profundidades.

Pero en las últimas semanas se habían topado con un enemigo contra el que no estaban preparados para luchar. Los trasgos (pues eso eran las criaturas que les habían asaltado) habían emergido de los cuentos y leyendas más oscuras para devorar el mundo una vez más. A pesar de todo, los aventureros no cejaron en su empeño, y tras una exitosa y brutal infiltración en el Bastión de la Memoria, a donde Vidar se había dirigido por última vez, descubrieron varias cosas de gran importancia: primero, los trasgos parecían estar organizándose bajo el estandarte de algún poderoso y antiguo demonio de las Tinieblas; segundo, su maldad era incalculable y tan profunda como el mundo; tercero, Vidar realmente había logrado hallar la localización de Orbalzar, legendaria capital de los enanos, y se dirigía hacia allí; y cuarto pero no menos importante: según un vetusto archivo, el último heredero del Gran Padre, que se creía que desapareció para siempre en las Profundidades y cuyo nombre fue olvidado hace una edad, era Balkrak, lo cual podría significar que esta casa era la legítima heredera de la corona, no ya solo de Arolar, sino de todos los enanos de Era.

El bueno de Dubil

A su regreso se toparon con que Dubil, capitán de la expedición de la Legión del Acero con la que se habían encontrado, estaba esperándoles, dispuesto a guiarles hasta donde fuera necesario. Sin más tardanza y ya dispuestos a completar su misión, se dirigieron hacia la legendaria capital. De lo hallado en el Bastión poco hablaron, pues sabían que era una cuestión demasiado importante como para discutirla frente a otros.

 Ahora Orbalzar les esperaba.

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Bien, este es el resumen de unas 10 partidas de la campaña que fácilmente contarán 50h de juego, si no más. En la siguiente entrada, que posiblemente llegue la semana que viene junto con una ilustración del grupo de personajes, narraré la épica resolución (no la pongo aquí porque ya resultaría excesivo).