sábado, 19 de octubre de 2013

Segunda partida de la Logia Donostiarra de Aventureros de la Marca del Este



Pues hoy sábado 19 de octubre ha tenido lugar la segunda partida de la Logia Donostiarra, y aunque el número de asistentes ha sido menor de lo esperado (solo dos, Hulzock y Hamolet que participaron en la partida anterior) pues otros dos jugadores nos han fallado por diversos compromisos y de los otros dos no tenemos mucha idea si pretenden continuar.

La buena noticia es que hemos reclutado a tres personas más aprovechando que la partida se ha desarrollado al aire libre, con lo que nos queda un grupo bastante majo para jugar.

La aventura jugada ha sido La expedición a Lasminas, segunda aventura de la caja roja, lo que resulta incomprensible pues está claro que debería ser la primera debido a su menor dificultad al compararla con La Torre del Pantano. Esta entrada no va a ser tanto una reseña de la partida al uso como un análisis de ambas aventuras.

La partida se ha desarrollado de forma correcta, si bien ha habido un par de discusiones en cuanto al reparto del botín que he procurado atajar cuanto antes, aunque los jugadores no han sentido en ningún momento una auténtica sensación de desafío, especialmente contando con el equipo obtenido de La Torre del Pantano. En esta ocasión maese Crom se ha unido a la partida como jugador, con su malcarado halfling Bulbo el Gordito.

Bien, después de esto... ¡¡SPOILER ALERT!!

Tras su regreso de La Torre del Pantano informan al burgomaestre que se muestra muy complacido con los resultados y les encarga una nueva misión: investigar una mina abandonada situada al sur de Robleda. Para ello contarán con la ayuda de la atractiva Lidia y de Bulbo, pariente lejano del propio burgomaestre (salió como una coña, pero tenía gracia). Como van ya bastante cargados, deciden contratar los servicios de un plebeyo (le tocó el muerto a Elvio Carbonero) y el Gordito opina que les vendría bien un poco más de fuerza armada, contratando a un mercenario enano llamado Drong. Lidia y Drong reducen de forma bastante notable el número de experiencia obtenido por el grupo en los combates, pero lo compensan con creces asegurando varias veces la supervivencia del grupo. Sin duda este es también un importante factor de por qué la aventura resultó bastante más sencilla, aunque no lo justifica (¡ni una sola muerte en toda la partida!).


El camino hasta Lasminas se desarrolla sin grandes anécdotas. Los lobos son los que más problemas les dan, mientras que el Ankheg cae en un solo asalto. Ya en estos enfrentamiento el enano demuestra su valía repartiendo estopa de la buena, aunque Lidia queda un poco eclipsada por su robusto compañero.

A la llegada a Lasminas el mediano se adelanta para explorar el terreno gracias a su natural sigilo, descubriendo a cuatro hobgoblins de guardia y un extraño estandarte. Organizan un rápido plan de ataque y los hobgoblins caen antes de que tengan tiempo a siquiera desenvainar sus armas. La exploración del dungeon se desarrolla sin mayores incidentes, la ausencia de trampas se siente profundamente en esta aventura, iría bien aunque fuera alguna de alarma. El enfrentamiento contra el líder osgo y su banda ocurre antes de lo esperado a causa de una imprudencia de Bulbo, aunque el explosivo obtenido en una de las celdas de la Torre hacen maravillas. El ogro está a punto de cascar al enano Drong, y un par de críticios muy acertados de uno de los hobgoblins pone en apuros a Hamolet, pero logran dar cuenta de todo el grupo sin sufrir una sola baja ni daños de interés.

Ha sido muy divertido el encuentro con la cocatriz, pues Bulbo se empeña en atraparla con vida para vendérsela luego a un mago por una fortuna. Finalmente es Lidia quien consigue atraparla, y el resto del grupo se le echa encima para apalear a la pobre criatura y dejarla sin sentido, llevándosela en un saco. Por otra parte, el pobre bicho ni siquiera fue capaz de acertar un ataque, abrumado como estaba por la cantidad de enemigos. Quizá hubiese sido más adecuado colocar una pareja de cocatrices en lugar de una sola.


Después de esto deciden cruzar el lago subterráneo a ver qué es lo que encuentran. Dejan al portaantochas Elvio Carbonero junto con el enano y comienzan a cruzar el lugar en bote. A mitad del recorrido sufren el ataque del Aboleth. El bicho comienza tratando de golpear a los personajes con sus tentáculos, pero al ver frustrados sus intentos hechiza a Hulzock y Hamolet, los dos personajes de mayor nivel del grupo, y espera a que eliminen al resto. Mientras tanto, Bulbo libera a la cocatriz sobre el Aboleth, que asustada como se encuentra critiquea cosa mala sobre el maligno pescado. Cuando este comienza a sentirse herido, comienza a descender a las profundidades diponiéndose a regresar una vez los dos hechizados hayan cribado un poco al grupo. Bulbo el Gordito no está dispuesto a permitir tal cosa, y tras ingerir una poción de respirar bajo el agua salta hacia el monstruo cimitarra en ristre. Logra alcanzarlo por los pelos, y le da muerte. El aboleth queda flotando bocaarriba y los otros dos quedan libres del hechizo. En la otra orilla se hacen con el tesoro del aboleth, y tras una discusión por la posesión del tridente llamado Oleaje, que perteneció a un famoso capitán de la Armada de Reino Bosque que se perdió en una de sus muchas batallas, y del que se dice que ningún hombre que lo empuñe puede morir ahogado, regresan a Robleda tras construir un par de carretas en las que transportar al abolelth, convenientemente empapado en alcohol para tratar de preservarlo tanto como puedan. Y es que al liberar a la cocatriz sobre el aboleth esta echó a volar y se perdió, y no están dispuestos a volver sin al menos una bestia mágica que vender a cualquier mago interesado en comprarla. Por suerte compraron caballos antes de salir de aventura.


Debido a la nueva carga el viaje se alarga hasta el doble, pero logran regresar con su trofeo, si bien no puede decirse que esté precisamente fresco. Venden todo el botín por una cuantiosa suma, son felicitados por el burgomaestre y realizan los gastos que consideran oportunos (Bulbo encarga una estatua de mármol de sí mismo con el aboleth bajo su bota). Quedan con Rogg en que le llamarían en otra ocasión pues han quedado muy satisfechos con él y pagan a sus acompañantes una justa suma de dinero como extra por los servicios prestados.

La aventura, aunque entretenida, no resulta tan emocionante como la Torre del Pantano, y es sin duda considerablemente más fácil. Cumple positivamente, pero le falta algo que la haga realmente interesante. Para empezar, un par de trampas no le harían ningún daño, y estaría bien conseguir algo de trasfondo para la banda de Zhulk, el jefe osgo, que resulta ser un antagonista sin carisma alguno. Los bichos pueden poner en apuros a los personajes con algunas de sus cualidades, pero no he logrado que ninguna entrase en juego salvo el Hechizo del aboleth, también es posible que debido a unas tiradas bastante mediocres.

De todas formas, la partida puede considerarse un éxito pues los jugadores han disfrutado rajando, saqueando y dando muerte a toda criatura maligna que se les pusiese por delante, con el jugoso añadido de lograr generosas y áureas ganancias.