miércoles, 6 de noviembre de 2013

Día 7: Mi mayor pifia

Curiosamente de estas sí que tengo para contar.

Creo que me quedaré con la que salió en una partida del Reino de la Sombra. Dirigía maese Crom y yo llevaba a un tipo llamado Ithal el Semielfo (personaje que reutilicé en los relatos de Valle), un espadachín con aptitudes sortílegas y que debía (en teoría) tener bastante suerte.

La partida iba sobre rescatar a la hija de un noble que al final no tenía tanto interés en ser rescatada. Después de enfrentarnos a una horda de orcos, un tigre dientes de sable, un tiranosaurio, un gigante y yo que sé qué más (que por cierto, contra el tiranosaurio presencié uno de los Críticos más espectaculares que haya yo visto), llegamos a un puente de hielo de aspecto frágil. Un poco a la buena de dios (gran error por mi parte) nos disponemos a cruzarlo, cuando saltan unos enemigos y empiezan a echarlo abajo. Toca tirada de Atletismo para ver si logramos ponernos a salvo. Mis compañeros lo consiguen, pero yo, a pesar de tener unas probabilidades de éxito más que aceptables, no. No pasa nada, para eso están los Puntos de Acción. Repito tirada y gasto otro para tener un +5, asegurándome así el éxito. 

Ithal corre velozmente a través del puente de hielo, su natural agilidad y firmes piernas le llevan con largas zancadas hacia la salvación. Ya está, un salto y estará a salvo sobre suelo firme, el puente empieza a crujir, Ithal toma impulso y... Resbala y se da de morros. El puente de hielo se viene abajo e Ithal con él. Adios pequeño, esa fue tu primera y última partida.